es una
cuestión de tiempo, compañero
primero lo
primero
una madre
argentina
doscientos
repulgues de empanada
y el llanto
de los críos
flameando
en cada bandera,
en cada
corazón, en cada célula
levante la
mirada del suelo y vuelva
a decirme
que quizás otros cincuenta años
que Cuba no
es perfecta, que el pueblo
el pueblo
no está preparado para nosotros
todavía,
ustedes y el ejército del domingo
lleno de críos,
con mierda en los pantalones
normal,
como las empanadas
que se
apilan muertas una sobre otra
para
hornearse parejitas.
Algún día
será la hora del maricón,
mientras
tanto tome su fusil, compañero
métaselo
bien en el culo y aprenda
que su revolución
se vuelve sepia
cuando baja
la mirada y repite
que no
necesita peluqueros
y las cosas
que hace un hombre nuevo
cuando bebe
el jugo del imperio
entre
dormido o borracho
o vaya a
saber cómo
pero
siempre de noche
porque el
sol está reservado para los cobardes,
las plazas
y los feriados
o las tetas
de su madre hinchadas
por el jugo
de la revolución
porque al imperio: el paredón y justo al lado
el callejón,
para nosotros, el baño
o su propio
auto, compañero
porque yo
lo escuché gritar
¡viva
Fidel! mientras colaba un dedo
por los límites
del hombre nuevo
¡viva
Fidel! gritamos ¡viva Chavez!
pero era de
noche
porque
nosotros no tenemos día, ni madre
ni padre ni
revolución
tenemos una
noche que dura
Cincuenta
años, compañero,
cualquier
plástico dura más que su revolución
que su
promesa de amor, que se esparce
sobre la
mesada de mármol blanco
y se
repulga para dormir sobre tantas otras
y fíjese
que aún así
colado
entre los ladrillos del callejón
como las
arañas yo lo miro a los ojos y le digo
Compañero,
y se lo digo desnudo
porque para
qué ponerme su uniforme
si en
cualquier momento sale el sol
y mientras
yo me vuelvo calabaza
usted me
dejará dormir el sueño del justo
e izará las
banderas del feriado
y las
empanadas de mierda
y el llanto
de los críos
hasta que
sea de noche otra vez
y usted
pueda, compañero
levantar por
fin esa mirada triste
y gritar ¡que
viva!